Se ve la luz al final del túnel: ¿esto es lo que nos espera?

engo que confesar, con un poquito de rubor, que cada vez que cae en mis manos un documento como este me siento como cuando era un niño y llegaba la hora de abrir los regalos de Navidad. Es una sensación indescriptible porque contiene información muy valiosa, de primera mano y acabada de salir del horno que me ayudará en mi trabajo, me permitirá ayudar a mis clientes.

Si has seguido con atención el contenido de calidad que he publicado en mis canales digitales en las últimas semanas, sabrás que soy de quienes creen que una crisis como esta provocada por el coronavirus encierra grandes aprendizajes. Que a veces no los vemos porque nos enfocamos en lo que está más cerca, en lo que nos incomoda, en lo que nos afecta en el aspecto material.

Se trata la séptima ola del estudio HMG Coronavirus, realizado por Havas Media Group en Alemania, Australia, Brasil, Canadá, China, España, Estados Unidos, Francia, Filipinas, India, Irlanda, Italia, Japón, Nueva Zelanda, Reino Unido, Singapur y Suráfrica. Se encuestó a 15.059 personas entre 16 y 64 años acerca de sus hábitos de consumo durante el confinamiento y su proyección.

Una de las principales conclusiones es que las preocupaciones de las personas van cambiando a medida que pasa el tiempo. Hace unas semanas, cuando comenzó el encierro y los impactos de la epidemia rápidamente traspasaron las fronteras, temíamos por la vida: la amenaza del enemigo invisible era inminente. Ahora, en cambio, la mayor preocupación está relacionada con el trabajo.

Ya los diferentes gobiernos han dado puntadas de cómo será la fase que nos permita regresar paulatinamente a la rutina que era normal antes del coronavirus. Las restricciones para realizar libremente algunas de esas actividades, la imposibilidad de viajar y la incertidumbre por los gastos acumulados son los principales dolores de cabeza de los consumidores en la actualidad.

A pesar de lo incómodo que nos resulta el encierro, en especial para quienes tenemos hijos pequeños que nos demandan mucha atención, y de que estábamos ansiosos por hacer la vida a la que estábamos acostumbrados, la eventualidad de salir a la calle otra vez nos preocupa. Las noticias de la economía no son alentadoras y el pesimismo nos hace pasar un mal rato.

Mientras tanto, el encierro nos ha dado la posibilidad de salir un poco de la rutina de consumo. El 72 % de los encuestados afirmó haber comprado por internet durante la cuarentena (una cifra que crece) y el 60 % de ellos lo hizo en una categoría que nunca había explorado. Las categorías más recurrentes son las de productos de tecnología, higiene/limpieza, comida/bebida y ropa/calzado.

Se nota, así mismo, la tendencia a buscar y adquirir mas productos naturales, síntoma de que las personas entienden que deben cuidar su salud durante el confinamiento. Y se consolida otra que es novedosa: cada vez más, los consumidores apuntan a los productos nacionales cuando es posible elegir. Además, disminuye el afán por el aprovisionamiento de grandes cantidades.

Uno de los datos interesantes es que el 60 % de las personas está abierta a probar nuevas marcas, bajo la premisa de que sean conocidas y/o confiables. Esto responde a dos situaciones: por la alta demanda, se ha producido el desabastecimiento de algunas marcas y el consumidor no ha tenido más alternativa que buscar nuevas; además, ha encontrado otras que despertaron su curiosidad.

También se manifiestan intenciones distintas. Por ejemplo, más ahorro, más ejercicio físico y más compras en línea, precisamente los hábitos cultivados durante el confinamiento. En la orilla opuesta, las salidas recreativas, las comidas fuera de casa y los viajes son las actividades de la vida antigua que pagarán los platos rotos, al menos a corto plazo: por ahora, estarán suprimidas.

Por un lado, porque todavía hay mucho temor por el contagio y no hay claridad acerca de la efectividad de las medidas adoptadas por las autoridades; por otro, porque reina la incertidumbre y las personas han entendido que es mejor ser prudentes. La mayoría cree conveniente mantener el distanciamiento, evitar las aglomeraciones y el contacto físico y usar el tapabocas y los guantes.



Pero, volvamos al futuro, que como mencioné es lo que más preocupa a la gente. Uno de los hábitos que se reforzará será el de preferir aquellas marcas que durante la emergencia se mostraron predisposición a ayudar a los necesitados, que revelaron conciencia social. Sin embargo, hay otros conductas que comenzarán a darle un giro a la normalidad de la vida.

¿Cuáles, por ejemplo? Dedicar más tiempo a estar junto con las personas que amamos, en detrimento de la rutina laboral. Pero, hay más: cada vez son más las personas que ven el teletrabajo como una buena opción para estas etapas de desescalada. Sin duda, durante el confinamiento nos dimos cuenta de que las prioridades de nuestra vida debían cambiar.

Cocinar e invertir en formación a través de internet son otros dos hábitos que se refuerzan, así como las teleconferencias con amigos y familiares, todo un descubrimiento en este período. Jugar en familia y desarrollar otras habilidades también forman parte de este nuevo panorama. También está cambiando la relación con las marcas y, específicamente, lo que los consumidores esperan de ellas.

No se conforman con ofertas y rebajas de precios, sino que piden que demuestren con hechos valores como honestidad, solidaridad y apoyo a la sociedad, en especial, a los más necesitados. Y algo importante: que garanticen los empleos a sus trabajadores. Privilegian a las que envían mensajes positivos y a las que contribuyen a los programas de asistencia de los gobiernos.

Sin embargo, hay más: el 62 % cree que las marcas desempeñarán un rol fundamental que nos ayudará a enfrentar los desafíos del poscoronavirus. Así mismo, el 75 % asegura que no está de acuerdo con que las marcas saquen provecho propio de la actual situación, al punto que el 21 % aseguró haber convencido a algún familiar de alejarse de las que no cumplen con esta premisa.

Y algo muy importante para las marcas: el 64 % manifiesta que su predisposición de compra en la siguiente fase dependerá del comportamiento de la marca durante el confinamiento. Eso indica que las marcas tienen una buena posibilidad de posicionarse en la mente y en el corazón de los consumidores siempre y cuando sus actuaciones en la emergencia concuerden con sus valores.

¿Qué esperan de las marcas? Que los inspiren, que los entretengan, que los informen con veracidad, que los eduquen, que los ayuden y, por último, que los premien. La gente espera que las marcas emitan contenidos de valor que den cuenta de experiencias positivas, creativas, que estén relacionadas con la población vulnerable y que les enseñen a enfrentar esta nueva realidad.

Siempre he manifestado que no estoy de acuerdo con aquellos que dicen que estas semanas de confinamiento son para reinventarnos, para resetear la vida que llevábamos antes del coronavirus o para hacer un borrón y cuenta nueva. Sí creo, y así lo he aplicado en mi vida, que se trata de una buena oportunidad para reflexionar, para revisar y corregir qué hacemos y cómo lo hacemos.

Pero, sobre todo, para sintonizarnos con el verdadero propósito de nuestra vida, para darnos cuenta de cuántas bendiciones caen sobre nosotros y nuestras familias, nuestros negocios, y para agradecerlas. El mundo necesita que seamos mejores, que trabajemos en procura de llegar a ser nuestra mejor versión como personas, como emprendedores. Juntos podemos lograrlo…

Vía: Mercadeo Global

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