¿Sabes para quién trabajas la mitad de tu tiempo?

Seguro que has escuchado hablar del tema impuestos estos días. Esta vez personalizado en unas personas que han dicho “basta” y que han decidido comenzar una nueva vida en un pequeño país de los Pirineos.
 
El tema de los impuestos y de cómo se usa ese dinero levanta polémicas y esto es así porque hay mucha demagogia y poca pedagogía.
 
Así que hoy vamos a hacer un poco de pedagogía.
 
¿Sabes que, en promedio, trabajas la mitad de tu tiempo para pagar impuestos?
 
¡La mitad!
 
¿Has reflexionado sobre el hecho de que, a lo largo del año, tu trabajo (y por lo tanto tu tiempo) hasta julio aproximadamente se dedica a trabajar para el Estado?
 
¿Crees que dispones de la suficiente información sobre los impuestos, directos o indirectos, que pagas y a qué se destinan?
 
Partamos de una base para no alimentar la polémica en una dirección concreta: no estoy en contra de pagar impuestos ni en contra de contribuir con mi trabajo a una sociedad mejor.
 
De hecho, creo que hay que sentirse orgullosos de poder contribuir con nuestro dinero (tiempo) a construir un lugar mejor donde todos podamos vivir.
 
Pero tampoco estoy a favor de que se despilfarre ni de que el gasto del Estado siga creciendo año tras año sin control.
 
Déjame que te comparta algunas ideas para que cada persona pueda llegar a sus propias conclusiones sobre este asunto:
 
1. La mitad de tu tiempo laboral es para pagar impuestos. Si crees que este debate no va contigo porque tú no te vas a ir a otro sitio a vivir, permíteme decirte que te equivocas, porque la persona promedio trabaja la mitad del año para pagar impuestos y eso es demasiado tiempo como para que no te impliques en el debate.
 
2. Los medios de comunicación reciben dinero público. Si quieres aprender y reflexionar sobre dinero y sobre impuestos (aunque en realidad el tema es tu tiempo limitado de vida y a qué lo dedicas) es imprescindible que comprendas que NO puedes hacerlo con los medios de comunicación (públicos o privados) ya que mayoritariamente reciben generosas dosis de dinero de las administraciones públicas en forma de publicidad institucional. Si tienes dudas sobre esto, investiga un poco sobre el dinero que reciben y luego prepárate una tila para relajarte cuando descubras el tinglado que hay montado para hacerte pensar en una determinada dirección. Despertar puede ser doloroso, pero seguir dormido lo es más. En resumen, su punto de vista está comprado porque nadie muerde la mano que le da de comer.



 
3. Pedir cuentas. Quizá, una vez que seas consciente de que pasas la mitad del año trabajando para el Estado (aproximadamente), te apetezca reflexionar sobre qué hace tu país, tu región o tu alcaldía con esos impuestos. Quizá después de hacerlo empieces a mirar con otros ojos las duplicidades, los coches oficiales, los asesores, las opacidades y, en general, una gran gran parte del gasto público que se hace con tu dinero por parte de personas que, al contrario de nosotros en nuestro trabajo, no tienen que dar ninguna explicación ni se les pide ninguna capacitación para gastarlo. Si tienes dudas con esto podrías buscar la experiencia profesional de, por ejemplo, los integrantes del Consejo de ministros de tu país y después preguntarte si los contratarías para tu empresa o si te gustaría que personas con esta experiencia fueran tus compañeros de trabajo.
 
4. Consciencia. Quizá si simplificamos que cada euro malgastado por tu administración pública es una hora de tu trabajo (tiempo) que podrías haber dedicado a otra cosa, podamos entender que nuestra tolerancia al (mal)gasto público debería haber llegado a su límite.
 
5. Libertad. Aunque los medios de comunicación intentan demonizar a quien lidera su vida y decide irse a otro sitio para pagar menos impuestos (o por el motivo que sea), lo cierto es que un país no deja de ser una gigantesca empresa que presta sus servicios a cambio de impuestos. Sé que esta idea puede resultar chocante, pero te ruego que pienses sobre ella un instante. Y cada vez más personas deciden en qué país pagan impuestos a cambio de unos determinados servicios. Si no quieres que los clientes se vayan de tu empresa lo que haces es cuidarlos. Si no quieres que tus ciudadanos se vayan de tu país lo que deberías hacer es cuidarlos.
 
6. Contarse verdad. Sabes que llevo años ofreciendo formación sobre finanzas personales e incluso publiqué el libro Libertad financiera porque sé que hasta que una persona no aprende de dinero tendrá que intercambiar su tiempo por dinero, y por eso te invito a que te cuentes verdad de lo que entregas. Sólo te pido eso: calcula lo que pagas. Porque sin consciencia no podemos generar ningún cambio en nuestra vida.
 
7. ¿Que puedo hacer yo? Lo que siempre proponemos: informarnos y educarnos. Aprender de dinero y de educación financiera. Dejar de permitir a otros gestionar nuestro dinero. Recuperar la libertad y el control sobre nuestras finanzas para ser ciudadanos libres. Y exigir responsabilidades, empezando por nosotros mismos. Esta quizá sea la clave: exigirnos más a nosotros mismos para después exigírselo a los demás.
 
Hoy, en medio de este debate, te regalo el capítulo dedicado a impuestos de mi libro Libertad Financiera, que escribí hace casi dos años para acabar con el analfabetismo financiero y que acumula siete ediciones publicadas.
 
Además, te animo a que te formes sobre este asunto crucial para tu vida. Hay muchísima bibliografía y formación de calidad disponible para ello.
 
Ser una persona más formada, más libre y con mayor libertad financiera está en tu mano. Ahora sólo depende de ti.
 

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