RALENTIZAR, BAJARLE EL ACELERE A LA VIDA

Yo no sé si ustedes son todo un diccionario y ya la conocían, pero yo hasta ahora me vine a encontrar con la palabra relentizar, digo, ¡¡ralentizar!! Medio rarita ¿no?… bueno, sea como sea la conocí y la amé desde el primer momento.

Yo confieso que de pelado no me leí ni medio libro (sí, es verdad, no me miren feo. Mejor conozcan las razones en este video de YouTube con mi historia sin censura), y yo no sé si sea por eso, pero nunca había escuchado ralentizar, aaayyy hijuepucha palabras raras que uno se encuentra en el camino.

Para los que no saben qué significa, aquí les traigo nada más y nada menos que la definición de la mismísima Real Academia de la Lengua que, a decir verdad, no es que ayude de a mucho: ralentizar: 1. tr. lentificar.

Hijuepucha verracos para enredarlo a uno… Bueno, al menos aprendí otra que de pronto se ponga de moda en unos años.

Parceros, lentificar o ralentizar es imprimir lentitud a alguna operación o proceso, disminuir su velocidad. Es decir, sin tanta arandela ni tanta vaina es hacer las cosas despacio, con calma, con pausa, llevándola suaaaaaveee.

Ralentizar, nunca ha sido tan necesario como ahora

Es muy posible que yo la hubiera escuchado hace mucho tiempo, pero sin duda, no le hubiera parado bolas porque podría decirse que los primeros años de mi vida estuvieron en calma, en pausa, pero aaaaaaayyy hijuepucha, apenas desperté no quise parar y es como si hubiera querido recuperar todos esos primeros años de quietud porque qué corredera tan tremenda en la que me metí.

Por eso es que creo que solo ahora esta palabra resuena conmigo, porque después de llevar mucho tiempo en un movimiento continuo he aprendido a valorar y a buscar la calma, la paz física y mental. Bajarle un poco, al menos un poco, al acelerador.

Y creo parceros y parceras que somos muchos quienes hemos tomado conciencia de la necesidad de mermarle al ritmo, de tomarnos el tiempo para hacer y disfrutar las cosas, de la necesidad y el placer de “no hacer nada” más que apreciar la quietud y la vida.

Primero estudiar, estudiar y estudiar, para luego trabajar, trabajar y trabajar

Pienso que ahora, más que nunca, el término ralentizar se hace vigente, necesario y creo que hasta está de moda. Independientemente de que algunos de ustedes estén más llenos de trabajo que antes, lo que sí es cierto es que el planeta se ralentizó por completo este 2020.

Después de años y años de frenesí económico, productivo, laboral, social, de buscar cómo crecer por este lado, de abarcar mil proyectos, de tratar de “evolucionar” en todos los aspectos y pretender ser unos ases en todo en la vida, ¡puuuufff!!… el planeta nos frenó en seco.

Parceros, veníamos de una carrera imparable donde estábamos bombardeados de información, de productos, de ofertas, de sueños, de metas por alcanzar. Y es que hasta los pelados antes de aprender a hablar ya están metidos en mil cosas: que estimulación temprana, que preprepreprejardín y luego no bastaba con clases de fútbol, sino que toca meterlos a piano, arte, karate, lectura rápida, matemáticas avanzada, cocina, equitación.



Y es lógico, los papás están tan ocupados que necesitan que sus hijos estén bien ocupados también para que no los molesten o, para ser más políticamente correctos, los están preparando para que sean tan o más exitosos que ellos en la vida.

¿Ralentizar? Debemos es producir para ganarnos un lugar en el mundo

Y es que vinimos a este mundo a ser productivos y exitosos. Graduarnos del colegio, estudiar una carrera, luego una especialización, luego una maestría, luego un doctorado, luego un posdoctorado.

Empezar la vida laboral y trabajar fuerte y sin descaso para ascender y lograr ser jefe, director, coordinador, gerente o presidente de alguna vaina.

¿Amas tu trabajo, pero eres un “simple” empleado más? Cómo te vas a conformar, no puedes ser un mediocre, estudia más, leer más, prepárate mejor para destacarte en ese océano de trabajadores que pasan desapercibidos y seas tú el jefe de la manada…

¿Tienes una buena figura, pero aún no se te marca la chocolatina? Deja de ser perezosa, esfuérzate, haz sacrificios, deja de comer ese postre que tanto amas y que te hace tan feliz pero que te aleja de tener un cuerpo “perfecto”, ¡deja de pecar!!. Suma calorías, calcula, no le metas basura a tu cuerpo, no seas como las mujeres del montón y esfuérzate más.

Aaaaaaayyyy, de solo escribirlo ya me estresé y todo parceros. Es que hermanos, nos hemos metido en una película tremenda de andar persiguiendo logros, títulos, metas triunfos, palmadas en la espalda, felicitaciones, medallas, trofeos, caritas felices.

Tomar la vida suaaaaaveeeeee

Al que vive a otro ritmo, al que tal vez decidió optar por una vida más tranquila, reposada, fuera de los parámetros de éxito que nosotros mismos hemos establecido lo vemos como un mediocre, un desadaptado o un perezoso.

Juzgamos al que no persigue como nosotros y el resto de la humanidad, el trofeo del triunfo o, al menos, de lo que nosotros catalogamos como triunfo.

Pero si supiéramos qué feliz que vive esa gente, personas auténticas que han sido coherentes como lo que sienten y piensan; que han sabido escuchar sus corazones y trabajan en aquello que realmente les llena y, lo mejor, ¡lo disfrutan!!

Yo no estoy diciendo que estudiar sea malo, que querer progresar sea un error. Primero que todo, yo no estoy juzgando ni calificando de “bueno” o “malo” nada, algo que es precisamente lo que quiero evitar. Mi punto parceros es que lo que hacemos algunas veces no está alineado con lo que realmente queremos hacer.

Nos dejamos llevar por la ola de los parámetros establecidos por la sociedad y sin si quiera cuestionarnos nos metemos en esa carrera absurda y agotadora en la que vivimos un ideal que nos han impuesto pero que muchas veces hace cortocircuito con lo que realmente queremos nosotros.

Tenemos tanto afán de aprovechar el tiempo para que nos alcance para hacer todo lo que debemos hacer, que no tenemos un minuto para parar y pensar. ¡Noooo!! Eso sería un tremendo desperdicio, no hay tiempo de divagar en ideas existencialistas, hay que estudiar y estudiar y estudiar para luego trabajar y trabajar y trabajar.

Mencito, vos hablando de ralentizar. No hay tiempo para eso, ¡a trabajar!

Estamos tan condicionados a producir, que el tiempo que dedicamos a no hacer nada es tiempo perdido. Ya no es tan fácil quedarse en la cama todo el día un fin de semana, o sentarse en el balcón a ver gente pasar, o quedarse sentado escuchando música sin más…

Estamos tan expuestos a ofertas, cursos, productos, viajes, oportunidades e información que queremos tenerlo todo, saberlo todo y hacerlo todo, pero no de cualquier forma, sino hacerlo con éxito, ser los mejores.

La realidad es que es tanto lo que nos dicen que podemos tener y, en comparación con eso, tan poco lo que podemos lograr, que siempre habrá un desajuste entre lo que deseamos y lo que conseguimos, lo que genera una idea de que no somos suficientes, de que no estamos ganando el dinero necesario o que no nos estamos esforzando tanto como deberíamos.

Si no lo has logrado es porque te falta voluntad, no has puesto suficiente dedicación o no le estás destinando el tiempo necesario. Entonces, la solución es ir más rápido, ganarle al reloj, contabilizar los minutos, cronometrar todo lo que hacemos. Nos volvimos adictos a la actividad.

Dime qué tan ocupada está tu agenda y te diré qué tan exitoso eres

Hermano, qué más pues, cómo va esa vida.

– Parcero, bien, corriendo como loco. No te imaginás, estoy full y haciendo mil cosas a la vez, pero no importa, decime para qué soy bueno, ome… 

Y uno: no, pues nada, llamaba solo para saludarte, chao.

Este saludo es muy común, ¿sí o no parceros?, no les pasa a ustedes o no son ustedes los que responden como con una especie de queja, pero, al mismo tiempo, con un tufillo de orgullo y satisfacción por ser trabajadores entregados y comprometidos.

Conozco un par de personas que creen que estar ocupados, vivir estresados, tener días en los que no pueden ni saludar a sus hijos es sinónimo de ganar la carita feliz o la medalla al buen comportamiento.

Hemos ensalzado tanto el estar ocupados y el estrés que, a veces, se cree que si se trabaja con gusto, con calma, haciendo cada labor con dedicación y concentración no se está trabajando lo suficiente.

Debemos mostrar en nuestra cara, en nuestra voz y en nuestra forma de caminar que estamos llenos de trabajo y estresados, sino, no lo que hacemos no vale la pena.

Además, no es suficiente con hacer una cosa al tiempo, tenemos que ser multitask… Aaaaayyyy granito de oro… De un momento a otro tener tiempo libre o trabajar tranquilos empezó a ser mal visto. Ahora medimos nuestro éxito y nuestro valor como seres humanos con relación a lo ocupada que esté nuestra agenda.

Danny, pero la vida es muy corta y hay que vivirla

Claro parceros, más de acuerdo no puedo estar, pero estamos hablando de vivirla, no de gastarla. Hoy se admira y destaca al que duerme menos, al que almuerza en su cubículo. Al compañero que va a trabajar a pesar de estar enfermo se lo compadece, pero, al mismo tiempo, se lo admira por su entrega y dedicación… Ayyy parceros, qué nos estamos haciendo ome.

Somos ricos en títulos, en los logros, en dinero para comprar lo que queremos, pero ya no tenemos tiempo, tranquilidad, ni salud física y, mucho menos, salud mental para disfrutar lo que hemos perseguido.

Ya no sabemos qué hacer con el tiempo libre. Nos agendamos a cuanta cosa nos convocan: reuniones, proyectos, trabajos, clases, paseos, viajes, fiestas. No tener nada que hacer nos genera más ansiedad que tener mil cosas pendientes.

Hemos aprendido a medir el sentido de nuestra vida con relación a lo ocupado que estamos y a la capacidad de hacer muchas cosas al mismo tiempo, y al que quiere hacer algo diferente lo tildamos se soñador y romántico, en el mejor de los casos, y de vago, perezoso y mediocre en la gran mayoría.

Nesting: hacer absolutamente nada y disfrutarlo

Esta palabra viene de “nest”, que en inglés significa nido y consiste en volver a nuestra casa y, sencillamente, no hacer nada. La idea es ralentizarnos, contrarrestar el ritmo frenético con el que vivimos en el día a día y, de esta forma, recuperar el equilibrio.

Cuando empezó el confinamiento surgieron muchas ideas de cómo aprovechar el tiempo libre: aprender un nuevo idioma, hacer eso que amas hacer y que no has podido por falta de tiempo, aprende nuevas recetas, etc., etc.; fue tanta la lluvia de ideas en la que caímos todos que a la presión que trajo el coronavirus, le sumamos la necesidad de aprovechar ese tiempo para ser mejores.

Hoy, que nos obligaron a encerrarnos en la casa y, a punta de lidia hemos aprendido a hacerlo, podemos dedicarnos a no hacer nada. Desde el punto de vista del nesting, algunas claves para lograrlo son:

  • No tener una agenda ni planear nada, ninguna actividad. Dejar que el día fluya.
  • Hacer solo aquello que realmente disfrutamos por el placer de hacerlo, no por aprovechar el tiempo, por sacar algún beneficio o por llenar la agenda haciendo algo.
  • No forzarnos a hacer las cosas con un tiempo determinado ni obligarnos a terminarlas. Abandonarlas cuando ya no nos produzcan placer.
  • No huirle al aburrimiento. Dejarnos experimentar un poco el sentirnos aburridos sin tener que buscar como locos qué hacer.

Los italianos también tienen un nombre para esto: dolce far niente, el placer de no hacer nada. Y esos varracos sí que lo saben hacer bien ome, esos parceros se saben gozar la vida, disfrutan de un vino, saborean al máximo la comida y comparten en familia largas cenas hablando de lo mundano y lo divino o, simplemente, disfrutan sin necesidad de hacer algo…

Bajarle a la velocidad para ganar en profundidad

Ayyyy, qué delicia ome. Yo, por ejemplo, amo sentarme a mirar el cielo y las montañas y ya. Quedarme un bueeen rato quito, que eso ya es mucho para mí que sé que vivo en mil cosas y con la cabeza dándome vueltas todo el tiempo.

Pero la meditación me abrió a este mundo, al mundo de la contemplación, de la quietud y no saben lo maravilloso que ha sido para mi vida.

No hacer nada nos genera culpa, sentimos que le estamos roban el tiempo a alguien, no sé, a la vida, a nosotros mismo, que solo somos valiosos en la medida en que estamos haciendo algo.

Es que hasta nuestras vacaciones son cronometradas, tenemos que hacer recorridos maratónicos, ir de un lugar a otro, visitar un museo, un parque, una iglesia. Todo contra reloj, y nos perdemos de uno de los placeres más grandes cuando uno visita un lugar nuevo: sentarse a ver la gente pasar, a ver cómo caminan, cómo interactúan, cómo se visten, qué hacen.

Cuando nos ralentizamos nuestra percepción, memoria y capacidades se agudizan, es decir, en menos tiempo percibimos más las cosas. Es lo que se llama atención plena o mindfulness, pero para percibir y disfrutar con calma del presente no hace falta recurrir a nada más que a nuestra propia consciencia.

Debemos dejar de creer que necesitamos aprender algo o adquirir una nueva práctica para ser mejores. Eso ayuda, claro, y muchísimo, pero todo a su debido tiempo.

Si ustedes son de los que no son capaces de parar y se creen inútil si no estás produciendo algo, creo el primer paso que deben dar es el simple ejercicio de no hacer nada, de sentarse en sus camas, en el suelo o en el sofá a no hacer absolutamente nada.

Es momento de vivir sin afanes y a disfrutar la existencia

Más adelante, cuando hayan empezado a conectarse con esa consciencia podrán empezar a meditar, pero por ahora no se exijan porque vuelven a caer en lo mismo, en creer que deben aprender más cosas, cumplir con más horarios, asistir a una nueva clase.

Mis parceros y parceras, paremos un ratico, aprendamos a poner límites en nuestra vida, a tomar consciencia de adónde nos está llevando esta carrera por alcanzar algo mientras dejamos de disfrutar del recorrido.

Que todo lo que hagamos sea porque nos causa placer, alegría, porque nos reta y nos hace disfrutar, aun más de nuestra existencia.

A vivir pues ome, un abrazo.

Daniel Tirado

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