¿Página web o redes sociales? Son amigas, no rivales

“En esta esquina, en la esquina roja, las redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram, YouTube, Pinterest). Y en esta otra esquina, en la azul, la página web (blog)…”Como si se tratara de un combate de boxeo, los tristemente célebres vendehúmo de internet andan promocionando una pelea que no es tal: una supuesta rivalidad a muerte entre las redes sociales y las páginas web.

Son los mismos que llevan más de diez años enviando correos masivos para anunciar la muerte del email marketing (¡qué contradicción!), los mismos que cuando quedan en evidencia apuntan sus cañones hacia mi otro buen amigo el marketing de contenidos. Y así se la pasan de velorio en velorio, hasta que el mercado se cansa de su farsa y les toca regresar a sus cuarteles de invierno.

Ahora, el caballito de batalla que eligieron para tratar de venderse como los referentes, como los gurús, como los dueños de la verdad absoluta es enfrentar a dos poderosos recursos que nos ofrece internet: las redes sociales y las páginas web. Por supuesto, una vez más están meando fuera del tiesto (perdóname la expresión), porque no hay rivalidad alguna, no hay dualidad.

Vamos por partes, como decía el gran Jack, el destripador. De acuerdo con cifras del portal InternetLiveStats, que se actualizan cada segundo, hay 1.776 millones de páginas web. La primera estaba dedicada al proyecto ‘World Wide Web’, del físico británico Tim Berners-Lee. Describía las características básicas de la web, además de instrucciones sobre cómo acceder a la información.

Fue publicada en agosto de 1993, después de más de 13 años de investigaciones y pruebas. En 1994 apareció Yahoo!, el primer servicio de correo electrónico, y un año más tarde lo hicieron el buscador Altavista y Amazon, “la librería más grande del mundo”, como se promocionó en aquel entonces. En 1998 conocimos a Mr. Google y en 1999 surgió la plataforma de pagos PayPal.

Ya en este siglo XXI, en 2001, fue el turno de Wikipedia, la enciclopedia colaborativa. WordPress y LinkedIn se crearon en 2003, un año antes de Facebook. En 2005 apareció YouTube, seguido de Twitter (2006), Pinterest y, por último, Instagram (ambas, en 2010). Como ves, es una necedad pretender crear una rivalidad cuando la página web tiene más de una década de ventaja.

Tanto la una como las otras son poderosas herramientas que internet ha puesto a nuestra disposición para trabajar (hacer negocios), para entretenernos, para comunicarnos. De hecho, si eres emprendedor o dueño de una pequeña o mediana empresa sabrás que se trata de recursos complementarios que no solo no compiten, sino que se ayudan, se necesitan mutuamente.

Parte del problema consiste en que los seres humanos somos de corta memoria o, en otras palabras, privilegiamos la memoria de corto plazo. Es decir, privilegiamos aquello que vivimos y experimentamos recientemente, mientras que el pasado lo archivamos en el baúl de los recuerdos. Además, son muchas más las personas que usan las redes sociales que las que poseen página web.

Mi primera web, que consistía en un directorio relacionado con la vida y obra del escritor colombiano Gabriel García Márquez, el gran Gabo, premio Nobel de Literatura en 1982, la creé en 1997. Era texto plano, armada en lenguaje html y sin diseño: así funcionaba internet en aquella época. Luego se transformó en este blog que estás leyendo, un poderoso canal de comunicación.

Pasaron varios años antes de que surgieran las redes sociales. Años durante los cuales hice muchos negocios, vendí gran variedad de productos y me convertí en referente del mercado hispano del marketing digital. En ese camino, mis principales aliados, mis amigos incondicionales fueron el email marketing y el marketing de contenidos (los artículos que publicaba en el blog).

Después llegaron Facebook, YouTube, Twitter, Instagram y todas las demás redes sociales, que en un principio se vendieron como eso, escenarios virtuales para relacionarnos y entretenernos, pero que con el paso del tiempo se transformaron en poderosas herramientas de marketing. Todas han evolucionado, han cambiado, han potenciado sus características y su alcance, se han refinado.

Lo que puedo decirte es que no sé qué habría sido de mí como emprendedor digital sin una página web. Quizás no habría trascendido. Fue la herramienta que me permitió darme a conocer, a través de la cual me posicioné en el mercado y, hasta el día de hoy, la plataforma en la que publico contenido de valor y vendo. Podría decir que la web es mi mano derecha, mi asistente personal.



Fue gracias a la página web que pude establecer sólidos vínculos con mis clientes, en especial en tiempos en los que toda la comunicación se realizaba a través de correos electrónicos. No se podían publicar fotos, mucho menos videos. Era un acto de fe: se confiaba en el otro a ciegas, gracias a la empatía, a la confianza que se había generado entre dos desconocidos invisibles.

Además, a través de mi página web logré crear el activo más valioso de mi negocio, un verdadero tesoro: mis listas (base de datos). También es el medio en el que he publicado miles de artículos de valor en diferentes formatos (texto, audio, video) a través de los cuales he podido ayudar a muchas personas a adquirir el conocimiento necesario para aprovechar sus dones y talentos.

Gracias a mi página web, a su antigüedad y permanente actualización, soy un consentido de Google. Por si no lo sabías, esos dos factores pesan tanto o más que el famoso SEO (otro que llegó cuando ya disfrutábamos de la fiesta) a la hora en que el caprichoso buscador filtra y jerarquiza las páginas que ofrecerá primero en las búsquedas de los internautas. El valor de la experiencia.

Cuando algún cliente me pregunta si es necesario crear una página web para su negocio siempre le respondo lo mismo: “estrictamente necesario, no; conveniente, sí”. ¿Eso qué significa? Que puedes comenzar tu negocio sin una web, pero tarde o temprano la vas a necesitar. Entonces, sugiero que crees una sencilla que te permita captar leads, que te dé a conocer, y luego la fortaleces.

Lo que más me gusta de la página web, sin embargo, es que tengo el control absoluto de lo que allí se publica, de la interacción con mis clientes. Es, además, como la sala de mi casa, el lugar en el que recibo a mis clientes, en el que les doy la bienvenida, en el que les ofrezco los productos y servicios que he diseñado especialmente para ellos y el que me permite alimentar la relación.

Lo que sucede en mi página web, la experiencia que les brindo a mis clientes, la decido yo, la manejo yo. Aquí no hay algoritmos odiosos, el acceso no está restringido para unos cuantos usuarios y puedo cambiarla o mejorarla cuando me plazca, y hacerlo a mi gusto, de acuerdo con mis necesidades. Mi página web, en definitiva, es mi centro de operaciones, el alma de mi negocio.

¿Y las redes sociales? Son excelente y poderosas herramientas que complementan aquello que hago en la web. Son canales de comunicación que me permiten llegar a otros públicos, que me ayudan a difundir mi mensaje y que contribuyen a mostrar lo que hago. Son muy útiles y hoy no puedes prescindir de ellas porque para la mayoría de los usuarios son la fuente de información básica.

¿Página web o redes sociales? Las dos opciones, porque son distintas, porque son necesarias, porque son complementarias, porque se potencian unas a otras. Eso no significa que debas estar en todas las redes sociales porque sí: se justifica solo en aquellas en las que estén tus clientes. Ah, y no olvides que los medios tradicionales (físicos) todavía son útiles; no los desaproveches.

Como mencioné antes, puedes comenzar tu negocio sin página web, haciendo publicaciones o pagando publicidad en redes sociales. Sin embargo, si tu intención es crecer y escalar al siguiente nivel, requieres la página web sí o sí. Y, por favor, no les creas a los vendehúmo que quieren pescar en río revuelto: no hay pelea alguna entre una página web y las redes sociales.

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