Aprendizajes en una Navidad atípica

Para la mayoría de las personas, probablemente, ha sido la Navidad más atípica que han vivido en su vida.

Para mí también lo ha sido.

Para muchas personas ha sido una Navidad de limitaciones, de restricciones y de miedo.

Sin embargo, en medio de esta situación extraña que nos obligan a vivir, la Navidad pasada tuve la oportunidad de aprender de desarrollo personal junto a más de 32.000 personas.

A finales de diciembre y principios de enero ofrecimos una formación online gratuita sobre desarrollo personal que me ha permitido interactuar, compartir y aprender de personas de cualquier edad, sexo o nacionalidad y que, en muchos casos por primera vez en sus vidas, se interesaron por el desarrollo personal.

Déjame que te comparta algunos aprendizajes que obtuve de estos días:

El desarrollo personal es más necesario que nunca. En un mundo en el que se libra una batalla del mal contra el bien y en el que la mentira campa a sus anchas, iniciar un proceso de toma de consciencia es fundamental.

El desarrollo personal y la toma de consciencia es, por fin, algo global y generalizado, que se extiende por todos los países del mundo y que incluye a todas las clases sociales. Más de 32.000 participantes de más de 50 países nos demuestran que, por primera vez en la Historia, las personas se están dando cuenta de que se lo pueden pedir todo.



Hemos entendido que el éxito personal o es global o no es. Estamos empezando a entender que no se puede alcanzar la plenitud total si no somos plenos en salud, en relaciones, en emociones, en autoconocimiento, en espiritualidad, en nuestra relación con el dinero y en nuestro trabajo. El verdadero éxito tiene que darse en todas las áreas de la vida.

Cuanto más oscuridad tratan de imponer fuera, más luz necesitamos dentro. Hay quien define lo que estamos viviendo como el gran reseteo, el nuevo orden mundial o la nueva normalidad. Pero, en cualquier caso, vivimos un proceso de intento de empobrecimiento en todos los niveles. Sólo nuestra luz interior, nuestra consciencia y nuestras verdad puede hacer frente a ese intento de imposición de la oscuridad.

Se nota rápidamente quién ha hecho los deberes y quién no. Estamos siendo aislados, separados, alejados de nuestros seres queridos y privados de aspectos fundamentales del ser humano como el afecto, el vernos las caras o el contacto con la naturaleza. Cuando todo fuera se desmorona, entonces queda lo que siempre estuvo: nuestro interior. Y quien no se ha trabajado su interior lo está pasando peor que nunca. Por eso es tan importante el trabajo en desarrollo personal y por eso ofrecimos esta formación la pasada Navidad.

Contarnos verdad. Durante muchos meses del año pasado me pregunté cómo era posible que como sociedad tuviéramos tanta tolerancia a la mentira sin consecuencias. Finalmente terminé por entenderlo: como no nos contamos verdad al respecto de nuestras vidas (nos contamos mentiras), cuando escuchamos mentiras fuera ya estamos familiarizados con ellas y no nos llaman tanto la atención. Como no nos contamos verdad sobre nuestras relaciones, sobre nuestro dinero o sobre nuestro trabajo, permitimos que nos cuenten mentiras. Por eso en esta formación hemos insistido tanto en una idea: contarnos verdad sobre nuestra vida.

Lo más importante es que hemos sembrado una semilla en miles de personas que, en la mayoría de los casos, tendrá un crecimiento imparable.

Porque cuando hemos visto la luz, aunque sólo sea una instante, ya no podemos hacer como si nada. Un instante de consciencia es, con frecuencia, suficiente para saber, en lo más profundo de nosotros y para siempre, que merecemos y podemos tener una vida consciente y plena.

Sergio Fernández

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